domingo, 5 de octubre de 2014

HIJOS DE PERUN- CAP.2

Dia 1

Después de ubicarme un poco en situación y registrarme en el hotel, donde plácidamente reposaban junto al mostrador de recepción mis baúles y cajas de sombreros (creo que había llevado más sombreros que ropa, y me los había diseñado yo misma para que se vieran lo más aparatosos y parisinos posible) para mi tranquilidad, como Miss Anna Anderson Lady Woodham, recién llegada de Filadelfia, me recosté un rato y me puse a analizar la hermosa habitación, con una mullida cama de colchón de plumas, edredones de ganso y radiadores de conexión que compensaban los techos que se perdían en el infinito; había bastante frio, pero era absolutamente tolerable al lado de las tempestades de Long Island que a veces nos obligaban a trabajar envueltos hasta en mantas. Había papel y sobres sobre un pequeño escritorio con membrete del hotel, y se me ocurrió comenzar a tomar notas; no sabía porque, me sentía cansada como si mi cuerpo sintiera que eran las seis de la mañana. Esperé a las ocho después de tomar unas notas, y bajé a desayunar al comedor, en un agradable jardín de invierno, después de acicalarme estudiadamente como toda dama rica que se precie, había tenido tiempo en las dos horas de repasar el papel, el vestuario cambiaba varias veces en el día y era bastante complicado viniendo de un mundo donde podías estar 72 horas con la misma ropa sin que a nadie le importe ni el olor, y había varios geeks en mi grupo que ya entraban en el rango de apestosos. Me senté tratando de no enredarme con nada, y pedí un desayuno continental; me trajeron todo un equipo de te y una variedad de masas y torta, y me sentí tontamente feliz, por lo visto había pasado demasiado frío. Tratando de refrenar el deseo de una taza de te caliente, me serví como una dama, y en un parpadeo, lo vi. A través del salón que poco a poco se llenaba de gente, tanto de adentro como de afuera, lo vi, sentado en una mesa junto a un ventanal del jardín de invierno llena de papeles y libretas, con la vista más perdida en la nada que en sus notas, que sostenía distraídamente ante él, y sentí que mis mejillas se ponían como el fuego y casi me atraganté; carraspeé lo más discretamente posible para no asfixiarme y bajé la mirada por un segundo. Cuando volví a levantarla, casi esperaba que ya no estuviera ahí, como una alucinación, pero no; seguía ahí, y estaba tomando notas. Respiré hondo, y le hice una leve seña al camarero.
-Disculpe, camarero, ¿ese no es el famoso inventor, el señor Tesla?
-Si, madam. ¿Desea que le de algún mensaje?- me dijo inesperadamente y creo que me puse bordó.
-No, está bien, solo quería sacarme la curiosidad, gracias. Vengo de una larga estadía fuera del país y no he leído mucho las noticias…Gracias.- me di cuenta de que estaba dándole conversación como a un camarero de mi tiempo. Traté de observarlo sin ser demasiado evidente, aunque costaba trabajo; muy alto, pálido y elegante, el cabello negro reluciente levemente ondulado, no se sabía si venia o se iba pero se veía que siempre procuraba lucir bien; no impresionaba como un snob que intentara encajar, sino como un noble europeo trasplantado a la prosaica América; su piel irradiaba una especie de luminiscencia que me pareció hasta imaginaria (ya estaba predispuesta a lo que fuera), y sus ojos azules…De repente sus ojos azules se posaron en los míos traspasando todo el largo del salón, por entre la gente que lo llenaba con su charla y tintineo de vajilla y cucharas. ¿Tan indiscreta había sido mi observación? Le sostuve la mirada por unos segundos, pero pareció desentenderse del tema y volvió a sus asuntos mientras yo sentía que se me atravesaba la torta en la garganta. ¿Me había parecido o me había sonreído?¿O era solo lo que yo hubiera querido? Traté de dar un paso atrás y analizar la situación, hasta que llegué a la conclusión de que por una milésima de segundo me había esbozado una leve sonrisa. Me tenté de levantarme de un salto y salir corriendo, pero no era ese el tema; frialdad, chica, frialdad, me dije, me enderecé porque sentí las ballenas del corsé pinchándome el busto (o sea, ya estaba adoptando la postura siglo 21-teclado), un excelente recordatorio y seguí tomando el te como si lloviera. En rigor de verdad, en ese momento se largó a llover; ya esperaba que se levantara y saliera corriendo a su laboratorio como el doctor Frankenstein, pero no: siguió tranquilamente sentado entre sus papeles y Saturno, ausente, como si los demás no existieran. En eso, un par de damas, una mayor y otra que parecía ser la hija, con aspecto de nuevas ricas y tintinear de joyas algo caras para la hora del día, se me acercó y se emplastaron en mi mesa.
-¡Bienvenida a New York, querida!- la mayor, una señora de unos sesenta y tantos se agachó hasta donde le dio el sombrero y el corsé cuyas ballenas casi podía oír chirriar, para lanzarme un besito al aire- Nos enteramos que llegó esta mañana de Filadelfia, querida, espero que se sienta a gusto en nuestra ciudad. Permítame presentarnos, yo soy lady Sylvia Hastings y mi hija, Rosalynd Hastings.-un poco confundida las saludé y las invité a sentarse; me había olvidado que trabar charla con extraños en la New York de entonces era tan fácil como en un hostel-¿Viaje de placer, querida?
-No…Bueno, si;  pasé mucho tiempo fuera del país con mi difunto esposo, Lord Woodham, en misión diplomática en Sudamérica, enviudé hace poco y vine a visitar a mi madre aprovechando la invitación a la velada de esta noche en el Waldorf Astoria…
-¡Qué bien, nosotras también vamos esta noche a la velada de los Johnson!-ay caray, me dije, ¿me las sacaría de encima? Y lady Sylvia se aproximó con aire picaresco por encima de las tazas de te que había traído el camarero- El también va a estar, querida.
-¿Quién?-dije haciéndome la extrañada, aunque sabía perfectamente quien.
-El señor Tesla, por supuesto; es la sensación. No hay una sola soltera o viuda joven neoyorkina que no le haya echado el ojo; aunque bueno, usted aun está de luto…-dijo echándole un ojo admonitorio a mi medio luto ya muy alivianado: si era una viuda reciente, estaba violando una importantísima regla social.
-No, ya hace más de un año que enviudé; vivíamos en Argentina, en Buenos Aires, tenemos una estancia en el sur; tuve que quedarme a organizar todo, y vuelvo a la Argentina, posiblemente con mi madre; allá las costumbres son muy distintas a las nuestras y el luto termina antes.- sonreí; si se tomaban el luto en serio, no podía ni asomar la nariz a la ventana.
-¡Que interesante, Argentina!- exclamó sorbiendo su te mientras su desteñida hija miraba con cara de pavota- Donde viven los gauchos, ¿no? -quiso alardear de sus conocimientos- ¿Y allá, tan lejos, disfrutan de nuestras comodidades?
- Claro que si, lady Hastings; trabajo para la AEG - Siemens en Buenos Aires, la ciudad dispone de alumbrado eléctrico público desde hace más de un año y su stand ganó el primer premio en la Exposición Universal de Paris de 1889.- la señora enarcó las cejas- Soy ingeniera eléctrica, me gradué en la Universidad de Berlín y allí conocí a mi difunto esposo, la empresa AEG necesitaba un ingeniero para su representación en Sudamérica cuando él fue destinado a la representación diplomática, y viajé allá.- las damas de marras me miraban mudas y creo que hasta algo confusas. ¿Una dama de sociedad en la Universidad?¿Y trabajando?¡Válgales el Cielo! Muy refinada no debía ser, esas mujeres de tierras tan lejanas no se comportaban comme il faut en general; conocía australianas y eran unas salvajes, así que no debían ser tan distintas. Lady Sylvia sonrió punzante:
-Quien sabe, quizás al señor Tesla le interese intercambiar ideas con usted, ¿No? De ingeniero a ingeniero.- clavó la estocada y se levantaron como si les hubiera pegado un pitazo de partida- Bien, sepa disculparnos, Lady Woodham, debemos iniciar nuestras actividades sociales de la mañana; si gusta acompañarnos a almorzar…
-No, muchas gracias, yo también tengo algunos asuntos que atender y me gustaría recorrer un poco la ciudad antes de volver a mis obligaciones.- sonreí casi feliz de encontrar coartada.
-Bien, espero que tenga una hermosa estadía, nos veremos esta noche en la velada.-se despidieron y se fueron. Inconscientemente eché una mirada hacia el rincón en que Tesla meditaba, estas taradas seguro me lo hicieron perder, pensé tratando de no traslucirlo y en efecto, ya no estaba ahí. De repente sentí algo deslizarse y caer estrepitosamente: mi sombrilla había decidido comprar suelo neoyorkino y había armado al caer un batifondo que había hecho levantar la vista de todos los comensales. Respiré hondo y comencé a hacer cálculos de como levantaría la sombrilla con todos esos trapos y fierros puestos, cuando al agacharme, vi que una mano de largos dedos blancos y firmes de ingeniero y uñas cuidadas la había levantado y me la estaba ofreciendo.
-Creo que esto es suyo, madam.- dijo una voz de hombre con un acento británico exótico, reposada y cortés; la tomé como atolondrada:
-Oh, si, mucha gracias, señor…-levanté la vista y tropecé con los ojos azules hipnóticos-Señor Tesla…Vaya, que sorpresa…-hice un amago de levantarme, pero con un gesto me hizo sentar. No podía creer que la misma mano que le había devuelto un pañuelo a la diva Sarah Bernhardt sin que su dueño la mirara siquiera, me acabara de devolver una sombrilla y como bonus él me había hablado.
-Por favor; creo que yo también dejaría caer algo de felicidad con semejante alivio.- dijo sutilmente sarcástico- ¿Va a la gala esta noche? Seré el anfitrión junto con mis amigos los Johnson, miss...
-Anderson, viuda Woodham.- me adelanté a la pregunta- Oh, no se preocupe por el luto, mi esposo falleció hace casi dos años ya. Nada impide que vaya a la velada.
-¿Le molesta si me siento a su mesa?- uh, eso si que no lo esperaba.
-¡Por supuesto que no! Eh.. No, en absoluto, adelante...-dije, enderezándome en toda mi altura y tratando de parecer lo más distante posible, pero algo parecía traicionarme; o realmente tenía un sexto sentido, o siete, o veinte. Se sentó y dejó un montón de papeles en una de las sillas que habían desocupado metereta y su hija.
-¿Piensa quedarse por mucho tiempo en New York? Tengo entendido que viene de lejos; es una pena que desperdicie su estadía en la futura capital del mundo.
-No, en realidad vine solo por la velada, algunos trámites pendientes, pasearé un poco…
-Creo que tenemos algo en común.- dijo, pero enseguida aclaró- Se que usted es ingeniera eléctrica, ¿No ha pensado en establecerse aquí? Westinghouse ha iniciado un proyecto muy interesante en Niágara Falls, estoy seguro que cuando lo vea se interesará. Estamos trabajando con la General Electric en la central, usando mi generador polifásico; calculamos que para el próximo año va a estar listo para proveer el noreste del país, y vamos a seguir desarrollando generadores; piénselo. No es fácil el mundo para una universitaria como usted, sola, y de donde usted viene…
-Señor Tesla, así como hay una estrella Polar, hay una estrella en el sur; y esa estrella es la Argentina, como lo mostramos en la Exposición de Paris de 1889, en nuestro Pabellón. En este momento, Buenos Aires se está convirtiendo de aldea a gran ciudad, y las pampas desérticas en campos fértiles con grandes ciudades; la inmigración está haciendo crecer sus potencialidades industriales, y no quisiera desaprovechar esa oportunidad en la tierra que conozco. Pero igual tendré en mente lo que acaba de comentarme, es muy interesante; tengo algunos proyectos.-dije audazmente totalmente en papel; quería enfocarme en la Argentina de 1895, la potencia del mundo, no en la ruina que abandoné un día por un horizonte más auspicioso. El se levantó, pero no se veía ofendido en absoluto; se iba sólo porque tenía que irse y había sido una parada fuera de programa.
-Fue una lástima haberme perdido ese pabellón en especial, pero estaba muy ocupado en ese momento.-se quedó un segundo pensativo y levantó la mirada- ¿Entonces esta noche la veré, supongo?
-No faltaría ni aunque se cayera el cielo, señor Tesla.- me saludó poniéndose el sombrero y desapareció como si me lo hubiera imaginado. Por un largo rato, simulando consultar una guía, me quedé pegada a la silla, pensando en ese encuentro: era como si dos de una especie se hubieran encontrado, pensé fugazmente, pero compararme con él me quedaba tan grande, que hasta me horroricé yo misma de vergüenza. Pero en fin éramos geeks los dos, extraños por sociables pero nunca normales, siempre pertenecientes a otro mundo que en general no era el real y ni siquiera el propio presente; pensaba en lo que debía decirle, en si debía decirle que iba a renunciar a absolutamente todos sus derechos de patente a favor de Westinghouse por lo que, al lado de la fortuna billonaria que iba a amasar, eran monedas; pero también sabía que era tan extremadamente sensible (estaba segura que me había escuchado hablar y no eran chismes de lobby que habían llegado a sus oídos) que era capaz de tirar todo por la borda y quien sabía si no hasta volver a Europa si llegaba a sufrir semejante decepción de saber que estaba creando solo para el lucro de unos cuantos piratas de la modernidad como el que lo había recibido en América. Si, era ingenuo y estaba fuera del mundo real como buen geek; pero quería ver como hacía para contactar lo justo y necesario con él sin salir herido ni convertirse en un autista, el gran problema de siempre. Y de paso, aprenderíamos a conseguir fondos aunque tuviéramos que vendernos al mejor postor; los ideales no están de más, pero a veces la obra importaba más que el medio.
El sol salió victorioso en medio de una racha de viento polar, por suerte porque debía recargar el celular, casi sin batería después del viaje. Me abrigué todo lo posible y salí a recorrer la quinta Avenida bordeando Central Park; llenándome los ojos del esplendor y el glamour de la Belle Epoque; el parque no se veía en las mejores condiciones, pero a treinta años de su inauguración todavía conservaba su encanto original, aún a cargo del arquitecto inglés Vaux, pero sabía que en unos meses, al morir él, iba a caer en el olvido por clientelismo político y desidia por largos años. Era triste saber el futuro, dolía mucho, dolía más que el pasado, pensaba; ya tenía mis dudas sobre si valía la pena decirle algo, quien sabía si no habría visualizado ya, más allá de los deseos, el triste final.
Pasé la tarde caminando, conociendo nuevamente la ciudad y sacando fotos lo más discretamente posible; sólo rezaba por que el viaje de regreso no me borrara todo. A las cuatro tomé el té y para las seis ya tenía pedido un carruaje para ir a la velada; me habían recomendado mil veces ser puntual, no era una de mis dotes la puntualidad; pero ese día estaba lista tan temprano que tenía miedo de llegar para acomodar las sillas. Me había puesto una toilette de soir de invierno que nuestro vestuarista había copiado de un modelo de Worth, explorando libros y libros de historia de la moda, en tonos de lila y toques negros y blancos, teniendo en cuenta el medio luto, con una falda recta pero a la vez volante y evitando en todo lo posible los pesados bordados en pedrerías y brocatos complicados que hubieran puesto a Tesla a la fuga en cuanto las viera desde la otra punta del salón, pero apenas había podido reducir el volumen de unas mangas globo que me resultaban insoportables; no me quedaba otra que presentarme con pendientes y collar, aunque fueran muy discretos, pero ya había calculado arrojarlos al fondo del bolsito de terciopelo en cuanto lo atisbara en el horizonte; y por las dudas, nada redondo por si aparecía de repente. El tocado de flores estaba sujeto solo por un alfiler sin remate de joyería, pero me había colocado una peineta también copia de un diseño floral de Lalique, así que me veía como vestida por los mejores modistos y orfebres de la época; pensaba que iba a sentirme incomoda, acostumbrada a los prosaicos jeans y buzos de polar, pero me sentía feliz al mirarme al espejo, era como si me hubiera ganado el premio de algún concurso de “Cumplimos tu sueño” o algo así. Envuelta en una capa con reborde de piel y de guantes de cabritilla bajé en la majestuosa entrada del antiguo Waldorf Astoria, donde 36 años después se construiría el Empire State. Era como entrar en un palacio francés; entré taconeando para que no me temblaran las rodillas, nunca había pensado ni en mis más salvajes fantasías que podía llegar a pisar ese suelo brillante como el cielo algún día. Una cadena de maestros de ceremonias me condujeron, después de chequear mi invitación más o menos un millón de veces, al salón de la velada; era como entrar al paraíso de los ricos y famosos, pero esos eran realmente ricos y serían realmente famosos, me dije; hubiera comenzado a disparar fotos con el smart por todos lados pero entregué mi capa al encargado de guardarropas y enlacé el bolsito de terciopelo a la muñeca; un hombre de unos cuarenta años, de barba, muy guapo, se me acerco junto con una mujer también muy hermosa, no había necesitado buscar mucho a Robert Underwood Johnson y su esposa Katharine. Antes de darles tiempo siquiera a abrir la boca me presenté con mucha familiaridad agradeciéndoles la cortesía de su invitación después de tanto tiempo que llevábamos sin vernos; me saludaron muy atentamente agradeciéndome mi presencia, pero sin dejar el toque de extrañeza en sus miradas; se veía que los dos estaban revolviendo desesperados en sus memorias buscando de dónde demonios me conocían, pero al fin y al cabo, conocían tanta gente...Pero de entre los invitados alguien vino a salvarme el cuero: lady Metiche Hastings.
-¡Querida, pero que delicia verla en esta maravillosa velada! Hermoso su soirée ¿Es de Worth’s, verdad? Katharine, qué maravillosa dama, ¿la conocieron en sus viajes? Viene de la Argentina.- exclamó como si estuviera exhibiendo un ñandú. Una luz de “puede ser” asomó en sus ojos, y la diplomacia la hizo exclamar:
-¡Ah, si, si! Nos conocimos en Berlín, ¿no?- dijo; una mujer que realmente brillaba de diplomacia e inteligencia detrás de su belleza; no me extrañaba la devoción que despertaba en Tesla; no sé porque, me sentí un poco celosa por un instante. Pero sonreí y me olvidé; o al menos lo pasé a la trastienda.
-Exactamente, en Berlín; estaba terminando mis estudios en la Universidad y mi esposo, el difunto lord Woodham nos presentó. Falleció súbitamente hace casi dos años en nuestra estancia en Argentina.- sonreí tratando de parecer triste pero superada en mi supuesto duelo; por eso no insistieron, no se debía importunar a una dama viuda, triste y adinerada.
-Estamos felices de que usted esté aquí, lady Woodham; esperamos que encuentre la velada de su agrado…- lady Hastings metió cuchara:
-Kathie querida, voy a presentarle a los invitados, si no le molesta, ustedes tienen demasiadas obligaciones y es un deber colaborar.- ella le hizo un gesto de “adelante” se disculpó y se fue; quedé en garras de lady Sylvia, que me paseó por todo el salón y recalamos en unos sillones llenos de damas producidas que brillaban como una bola disco de tantas joyas que ostentaban; realmente es el paraíso del nuevo rico, me dije, mientras un camarero de librea me servía una copa de champan y lady Sylvia parloteaba con sus amigas como una especie de jaula de guacamayos, insistiéndome en que contara mis aventuras en las pampas húmedas. Me descolgué con una novela digna de Rudyard Kipling adaptada a la pampa, en la que creo que me imaginaron hasta cabalgando elefantes con un turbante y una escopeta a la espalda; a ninguna de esas damas les interesaba en lo más mínimo ni siquiera cómo se encendía la luz, que va, no cambiarían una bombita en su vida. Los camareros nos rociaban sin parar con el mejor champan francés, peligrosísimo para alguien que no suele pasar de la Sprite pero muy tentador; cada copa era como sorber el sabor del cielo, pero conscientemente me frenaba porque iba a terminar en alguna metida de pata que comprometería la misión de principio a fin. Gracias a Dios, al Orden Universal y a las Fuerzas celestiales, en el momento en que comenzaba a quedarme sin libreto, vi que las damas levantaban la mirada con admiración y alguien carraspeó a mis espaldas. Me di vuelta todo lo serena que pude y ahí estaba él.
-Ay, querida, permítame presentarle al anfitrión de esta velada,- lady Sylvia se levantó – el señor Tesla….
-Muchas gracias, lady Hastings, ya nos conocimos esta mañana en el hotel. Veo que se ha convertido en el centro de la reunión, lady Woodham, ¿puedo robárselas un momento, señoras? Quisiera invitarla a una copa.- Lady Sylvia, como la persona mayor del grupo, debía autorizarme; inclinó la cabeza y me hizo un gesto como de “vamos, aproveche”. Me levanté y me di cuenta de que estaba un poco mareada.
-Con su permiso, señoras…- me levanté todo lo rápido que permitían los buenos modales y salí caminando ni siquiera sabía a dónde, a su lado; sabía que no podía tocarlo, era uno de sus grandes tabúes. Suspiré con poco disimulo y dijo muy serio:
-No me lo agradezca.- murmuró saludando a un par de señoritas que pasaron abanicándose muy acaloradas; eso me hizo pensar algo;
-¿Hay algún balcón donde se pueda tomar un poco de aire? Me siento sofocada.- si, realmente entre lady Sylvia, las cotorras, lo ajustado del corsé y las copas de champán que llevaba en la cuenta me sentía bastante acalorada; no había tenido ocasión de intercambiar media palabra todavía, y buscar algún sitio un poco mas privado podía ser un buen pretexto. Me llevaba como entre sueños entre las luces brillantes, la música de la orquesta, caballeros de jacquet y damas de vestidos deslumbrantes, que no paraban de saludarlo y detenerlo; por un momento pensé que jamás llegaría al balcón, y por lo visto me debo haber puesto algo verde porque dejó de hablar con el caballero que lo había detenido y recordó que la misión era llevarme a tomar un poco de aire fresco. Prefería llevarla a buen puerto antes que tener que abarajarme en mi desmayo (ahora entendía el origen de los desmayos de las señoritas de la época en carne propia, sumado al hecho de no comer desde el mediodía para poder apretarme lo más posible el corsé), y no quería quedar como una de esas pavotas que se desmayaban de respirar: tenía que seguir en mi papel de mundana chica fuerte. Por fin salimos a un balcón cubierto por una cortina de terciopelo rojo y dorado, a la noche; el frio era glacial, pero me reactivó las neuronas.
-¡Por fin!-exclamé sin cuidarme mucho; me apoyé en la baranda de piedra respirando hondo el viento frio del Norte semiasfixiada por el humo de los cigarros y nos sentamos en unos sillones. Por suerte me había despabilado lo suficiente para llevar adelante cualquier charla no demasiado enjundiosa.
-Pensé que no iba a venir, lady Woodham.-dijo brevemente, encendiendo un cigarrillo; me ofreció, lo que me sorprendió: salvo abiertas transgresoras famosas, las damas no fumaban en público; vio mi gesto de sorpresa y se disculpó- Perdone, no quise ofenderla, pensé que usted, con su formación y viniendo de una tierra con otras costumbres más libres, quizás…
-No, en absoluto, no me ofende; simplemente no fumo.- ¿para qué iba a hablarle de los peligros del tabaco a alguien que moriría con casi 90 años?- Si, es cierto, hay convenciones que se dejan de lado, aunque los círculos sociales de Buenos Aires también son estrictos. En ese sentido, Lord Woodham siempre fue sumamente elástico.
-Por lo pronto, le permitió ejercer su profesión, por lo que he escuchado; siempre hemos trabajado con George- presumí que Westinghouse- la posibilidad de expandirnos a otros continentes como nuestro estimado amigo en común Edison.- sonrió sarcástico; era mucho más ácido que lo que creía- ¿Se siente mejor? Me gustaría que me contara un poco sobre su trabajo en su país adoptivo.
Por suerte había pasado la tarde repasando mentalmente la historia argentina general y científica de la época, porque a ella me tuve que remitir por un buen rato. Él me escuchaba atentamente, aunque de vez en cuando miraba hacia la ventana, donde cada tanto alguien distinto se asomaba y volvía a entrar, hombres o mujeres; se veía que seguían buscándolo ávidamente y estaban desesperados queriendo saber que hacía con esa cuasidesconocida solo en un balcón; comentábamos sus últimas conferencias, cuando de repente miró su reloj:
-Oh, disculpe usted, pero son casi las diez, debo ir a mi laboratorio; mi rutina de trabajo comienza a esta hora y quizás termine en veinticuatro horas; la acompaño, debo despedirme de mis amigos…
-Justamente iba a retirarme; hoy tuve un día muy largo, y estoy sufriendo un drástico cambio de horarios; yo también vivo de noche, y he tenido que hacer vida diurna desde que partí de Buenos Aires.
-Si me espera en el lobby, le pido un carruaje; ya vengo.- se perdió en medio de la multitud que se veía sumamente achispada, en medio de risotadas de caballeros bigotudos que sorbían brandy a litros entre bocanadas de humo de un lado, y damas risueñas entre vapores de champán y bocaditos de caviar ruso en el otro; en un rincón, un grupo rodeaba a una joven tocando el piano, a la que él se acercó y le murmuró al oído; esa debe ser la famosa Margaret Merington, me dije, y no se porque volvió a pellizcarme las tripas ese bichito verde. Mientras el encargado de guardarropas me entregaba mi capa y sombrero, veía como las mujeres en general lo saludaban como si se fuera el dios de la fiesta; procuré salir antes, porque no quería saber si llegaban a verlo salir conmigo: al día siguiente sería la comidilla de la ciudad, y me imaginaba que no para bien. Vino a largas zancadas, con un abrigo largo con cuello de astracán, bastón de puño de marfil y sombrero alto; me causaba gracia verlo tan elegante y a la vez tan parecido a una cigüeña.
-Cambié de idea, creo que voy a caminar; no estamos lejos y quiero disfrutar de la ciudad lo más posible.
-No me parece correcto para una dama; quizás en su ciudad sea seguro, pero esto es New York…-se quedo pensando un segundo- Salvo que acepte mi escolta hasta el hotel, si no le molesta.
-En absoluto, solo que va a tener que escucharme hablar para que se me vaya el frio.- me reí un poco.
-La escucharé. Vamos entonces, ya es tarde.
Salimos a las luces amarillentas de la Quinta avenida; el pavimento brillaba mojado, un poco de aguanieve había caído mientras estábamos en el esplendor del Waldorf. Algunos carruajes pasaban con sus caballos cansados y muertos de frio en el clip clop del pavimento, y la noche era silenciosa al lado del estrépito mundano que acabábamos de abandonar. Caminamos en silencio un rato, mientras trataba de entrar un poco en calor.
-Tiene mucho éxito entre las damas, señor Tesla. No siempre el intelecto va asociado al éxito social- dije, pensando inconscientemente en mi propia época.
-Ven un buen partido, nada más, estimada… ¿puedo llamarla miss Anderson?
-Por supuesto. ¿Por qué piensa eso? Usted es una persona popular, si me permite, culto, bien plantado, con mundo…No quiero molestarlo; tómelo como si se lo dijera una hermana, o una tía.- sabia que lo de la tía iba a romper el hielo: eran famosas las anécdotas de sus horribles tías. Y en efecto, él se rio.
-¡Por favor, que sea de una hermana! No querría ser mi tía, eso se lo aseguro. Y usted no tiene edad para ser mi tía, si una de mis hermanas. Es curioso, pero con usted me siento realmente como con una hermana, o un viejo amigo; siento que en usted puedo confiar.
-Gracias por su confianza, señor Tesla; no creía merecerla.-y mucho menos si sabía la verdad, pero cada vez estaba más alejada de decírsela para no herirlo; prefería desaparecer para siempre, total la historia no cambiaría y yo me habría dado el gusto. Tal vez mi cerebro seguía impregnado de burbujitas- Su amiga, la señora Johnson, es una mujer hermosa e inteligente, ¿nunca la vio con otros ojos?
-Es una excelente amiga, pasamos muchos momentos amenos y es muy buena escritora. Nada mas.- hizo un pequeño silencio- Y es la esposa de mi mejor amigo; Robert debe ser la persona que mas aprecio en esta tierra.
-Luka.- murmuré y me miró; me di cuenta de que había dicho algo que era un secreto de amigos y carraspeé para dar vuelta la hoja- Creo que hay mucha gente interesada en buscarle pareja, y el señor Johnson parece uno de los más interesados.
-No entiendo porque están todos tan empecinados en buscarme pareja, como si le pudiera dispensar un segundo de tiempo; no pueden entender que estoy casado con mi trabajo y que estas mujeres sencillamente no pueden darme lo que quiero de una mujer. John y Katharine dicen que hay habladurías sobre mi hombría, todos los amos del dinero están casados y en este país parece que lo consideran indispensable para seguir en juego; son insaciables.- dijo con un calor inesperado- Hay momentos en que saldría corriendo y me iría a pastar ovejas a la montaña antes que volver a una sola fiesta más. No soporto la gente, querida Miss Anderson. Y menos, esta tan vulgar.
-Increíble, viéndolo moverse entre ellos se diría que disfruta la escena.
-Es solo eso: escena. Mis investigaciones requieren dinero, y el dinero está aquí; y tengo que conseguirlo como sea.
-¿Y no ha pensado en desposar una heredera como posible fuente de dinero?
-Ni modo, eso es deshonestidad.- dijo tajante, aunque al segundo cambió la expresión de sus ojos relumbrantes en la semipenumbra- Aunque la señorita Morgan tiene sus dotes, no voy a negarlo…Aprecio mucho a Marguerite Merington, no tengo dudas; pero la señorita Morgan es…
-Especial.-sonreí; no sabía lo que estaba haciendo- Y es una heredera.
Habíamos dado la vuelta en una esquina un poco más oscura, cuando de repente dos hombres saltaron de un rincón en las sombras; no pude evitar un grito: sí, estaba en New York.
-¡¡Quietos, ya dennos todo lo que tengan, dinero, joyas, vamos!!.- sin respirar, le arrebaté el bastón a Tesla, tiré la capa de pieles al demonio y en dos golpes ya había desactivado a los ladrones; uno salió corriendo con la nariz rota y el otro quedó en el suelo, donde ligó otro bastonazo en las costillas antes de salir corriendo en cuatro patas. Me quedé parada viéndolos alejarse corriendo, con el bastón en una mano y el minitaser en la otra; si lo hubiera usado, hubiera tenido que adelantar las explicaciones. Me di vuelta: él me miraba pálido pero asombrado. Le devolví el bastón, y él me ayudó a ponerme mi abrigo de nuevo.
-Aprendí a usar la canne de combat en París, mi difunto esposo fue un buen maestro.- sabía que el bartitsu, que era en realidad lo que había usado, aun no se había inventado, pero su antecedente francés si. Reanudamos la caminata, ahora un poco mas apurados; no quería otra sorpresa desagradable, más después de ver los cuchillos que mi locura había enfrentado.
-Usted es una caja de sorpresa, querida Ann. Me hace sentir a salvo.- sonrió, aunque me pareció un poco fastidiado de no haber salvado a la damita él; no estaba segura tampoco de si podía hacerlo, no tenia referencias de sus destrezas en el arte de la lucha. Era más, estaba segura de que en mi tiempo, solo sus habilidades sociales lo hubieran salvado del calzón chino diario en la escuela. Llegamos a la entrada del Gerlach y me sonrió:
-Bien, hasta aquí llego; he disfrutado mucho este encantador paseo. Al menos, lo hizo interesante. ¿Nos veremos mañana? Me encantaría que compartiera con mis amigos ingenieros la cena en Delmonico’s, quisiera presentárselos y estarán con sus esposas; vamos a pasar una velada más serena que la de hoy. Que descanse, yo voy a trabajar, buenas noches.- no me besó la mano, pero hizo un leve toque en el sombrero y se acercó al carruaje que esperaba en la puerta del hotel; ya iba retrasado. Miré mi reloj: eran las diez menos cinco. Entré al hotel, me estaba congelando, sólo quería un baño caliente y la cama

MY INVENTIONS- CPS. 1 y 2

Introducción
Nikola Tesla nació en Croacia (entonces parte de Austria-Hungría) el 10 de julio de 1856, y murió el 7 de enero 1943. Fue el ingeniero eléctrico que inventó el motor de inducción AC (corriente alterna), que hizo posible la transmisión y distribución de electricidad universal. Tesla comenzó sus estudios de física y matemáticas en la Escuela Politécnica de Graz,  y luego tomó cursos de filosofía en la Universidad de Praga.Trabajó como ingeniero eléctrico en Budapest, Hungría, y posteriormente en Francia y Alemania.
En 1888 su descubrimiento de que un campo magnético podría ser hecho para rotar si dos bobinas se colocan en ángulo recto alimentadas con corriente alterna de 90A fuera de fase hizo posible la invención del motor de inducción de CA. La principal ventaja de este motor era operar sin “cepillo”, algo que en ese momento todos creían imposible Nt: el “brush” es un aparato por el que circula corriente entre cables estacionarios y partes móviles sobre un eje rotatorio, en generadores).Tesla se trasladó a Estados Unidos en 1884, donde trabajó para Thomas Edison, que rápidamente se convirtió en un rival por ser Edison ser un defensor de su sistema de transmisión de potencia inferior( DC). 
Durante este tiempo, se encargó a Tesla el diseño de los generadores de CA instalados en las cataratas del Niágara. George Westinghouse compró las patentes de su motor de inducción, y lo convirtió en la base del sistema de potencia de Westinghouse que todavía subyace en la industria de la energía eléctrica moderna de hoy.  También hizo una investigación notable en altos voltajes y la conducción inalámbrica de la electricidad; en un momento creó un terremoto que sacudió la tierra durante varios kilómetros a la redonda de su laboratorio de Nueva York (eso pasó en Colorado Springs; lo que se sacudió en NYC fue solo una cuadra- Nt). También ideó un sistema que anticipaba comunicaciones inalábricas en todo el mundo, máquinas de fax, radar, misiles radio-guiados y aviones.
Nikola Tesla es el verdadero profeta anónimo de la era electrónica; sin el cual nuestra radio,el encendido automático, teléfono, generadoras de corriente alterna de energía y transmisión, la radio y la televisión,todo hubiera sido imposible.Sin embargo, su vida y sus tiempos han desaparecido en gran medida del acceso público. Esta autobiografía fue liberada para remediar esta situación.  
Contenido
Capítulo 1 - Primeros años
Capítulo 2 - Experiencias Extraordinarias
Capítulo 3 - El campo magnético giratorio
Capítulo 4 - Bobina de Tesla y Transformador
Capítulo 5 - Las influencias que dan forma a nuestro destino
Capítulo 6 - El transmisor magnificador

Capítulo 1 - Primeros años


La invención es vitalmente dependiente del desarrollo progresivo del hombre. Es el producto más importante de su cerebro creativo. Su objetivo final es el dominio completo de la mente sobre el mundo material, el aprovechamiento de las fuerzas de la naturaleza para las necesidades humanas. Esta es la difícil tarea del inventor que es a menudo malentendido y sin recompensa. Pero él encuentra amplia compensación en lo grato del ejercicio de sus facultades y en el conocimiento de ser uno de esa clase excepcionalmente privilegiada sin la cual el hombre hubiera perecido hace mucho tiempo en la dura lucha contra los elementos despiadados.  
En cuanto a mí, yo ya he tenido más que mi medida completa de este exquisito disfrute; tanto, que durante muchos años mi vida era poco menos que el éxtasis continuo. Esto lo  atribuyo a ser uno de los más trabajadores y quizás estoy continuamente trabajando, si el pensamiento es el equivalente del trabajo, porque he dedicado a ello casi todas mis horas de vigilia. Pero si el trabajo se interpreta como una acción definitiva en un plazo determinado de acuerdo a una regla rígida, entonces puedo ser el peor de los ociosos.(ya lo decía mi profesora de matemática de cuarto año-Nt).Todo esfuerzo por obligación exige un sacrificio de energía vital. Nunca pagué un precio. (¡Idolo! Nt) Por el contrario, he prosperado en mis pensamientos. En un intento de dar cuenta de mis actividades conectadas y fieles a esta historia de mi vida, debo insistir, aunque a regañadientes, en las impresiones de mi juventud y de las circunstancias y eventos que han sido fundamentales en la determinación de mi carrera.  
Nuestros primeros esfuerzos son puramente instintivos, producto de una imaginación vívida e indisciplinada. A medida que envejecemos la razón se impone y nos volvemos cada vez más sistemáticos en el diseño. Pero esos primeros impulsos, aunque no inmediatamente productivos, son el producto del momento más grande de nuestras vidas y puede dar forma a nuestros propios destinos. De hecho, me siento ahora que de haberlos entendido y cultivado en vez de suprimirlos, habría añadido un valor sustancial a mi legado al mundo.
Pero no fue hasta que alcancé la edad adulta que me di cuenta de que yo era un inventor. Esto era debido a un número de causas. En primer lugar, yo tenía un hermano que estaba dotado en un grado extraordinario; uno de esos fenómenos raros de mentalidad que la investigación biológica no ha explicado. Su muerte prematura dejó a mis padres de la tierra desolados. (Voy a explicar mi comentario acerca de mis "padres de la tierra", más adelante.) (Espero que se refiera a la reencarnación; si me salen con Venus, esta es la biografía apócrifa de Margaret Storm-Nt) Teníamos un caballo que nos había traído un amigo muy querido. Era un magnífico animal de raza árabe, poseedor de inteligencia casi humana, fue cuidado y acariciado por toda la familia, y en una ocasión salvó la vida de mi querido padre en circunstancias extraordinarias. Mi padre había sido llamado una noche de invierno para llevar a cabo el deber imprescindible (presumo que para dar una extremaunción como sacerdote ortodoxo-Nt), y mientras cruzaba las montañas, infestadas de lobos, el caballo se asustó y huyó, lanzándolo violentamente al suelo. Llegó casa sangrando y exhausto, pero después de que se dio la voz de alarma, de inmediato salió corriendo de nuevo, volviendo al punto, y mientras el grupo de búsqueda estaba lejos, en el camino se encontraron con mi padre, que había recuperado la conciencia y vuelto a montar, sin darse cuenta que había estado tumbado en la nieve durante varias horas. Este caballo fue el responsable de las lesiones de mi hermano por las que murió. Fui testigo de la trágica escena y aunque hayan pasado tantos años desde entonces, mi impresión visual de aquello no ha perdido nada de su fuerza. El recuerdo de sus logros son tales que mis esfuerzos parecen aburridos en comparación. Cualquier cosa que hice acreditable sólo causó mis padres a sentir su pérdida con más intensidad, así que crecí con poca confianza en mí mismo. (ya me da curiosidad pensar que hubiera sido el mundo con Dane Tesla; de paso, prueba que su inteligencia era fruto de una excelente selección genética y no de Venus ni Marte, desde el momento en que su hermano era tanto o más inteligente que él, amén de que sus padres eran también extraordinariamente inteligentes. No todos los genios vienen de Marte, pensar eso es tener poca fe en la raza humana-Nt). Pero estaba lejos de ser considerado un muchacho estúpido, si he de juzgar por un incidente del cual tengo todavía un fuerte recuerdo. Un día los concejales pasaban por una calle donde yo estaba jugando con otros niños. El más antiguo de estos venerables señores, un rico ciudadano, se detuvo para darle una moneda de plata a cada uno de nosotros. Al llegar a mí,  de repente se detuvo y me dijo “Mírame a los ojos." .Me encontré con su mirada, mi mano extendida para recibir la moneda tan preciada, cuando para mi sorpresa, dijo "No, no puede obtener nada de mí; usted es demasiado inteligente." (y le cagó la moneda-Nt)
Solían contar una historia divertida acerca de mí. Yo tenía dos tías viejas con rostros arrugados, uno de ellos con dos dientes que sobresalen como los colmillos de un elefante, que ella enterraba en mi mejilla cada vez que me besaba. Nada me asustaba más que las perspectivas de ser besado por estas parientes afectuosas pero poco atractivas. Sucedió que mientras era llevado en brazos de mi madre, le preguntaron quién era la más bonita de las dos. Después de examinar atentamente sus rostros, respondí pensativo, señalando a una de ellas: "Esta de aquí no es tan fea como la otra”.
Por otra parte, desde mi nacimiento,me postularon para la profesión clerical y este pensamiento constantemente me oprimía. Yo anhelaba ser ingeniero, pero mi padre era inflexible. Él era el hijo de un oficial que sirvió en el ejército de Napoleón el Grande y al igual que su hermano, profesor de matemáticas en una institución prominente, había recibido una educación militar; pero, cosa singular, más tarde adoptó el clero en cuya vocación logró eminencia. Él era un hombre muy erudito, un filósofo de la naturaleza verdadera, poeta y escritor y sus sermones se dice que eran tan elocuente como los de Abraham o Santa Clara. Tenía una memoria prodigiosa y recitaba con frecuencia de principio a fin obras en varios idiomas. A menudo se comentó en broma que si algunos de los clásicos se perdieron podía restaurarlos. Su estilo de escritura era muy admirado. Él escribió frases cortas y concisas y llenas de ingenio y la sátira. Las observaciones humorísticas que hacía fueron siempre peculiares y características. Sólo para ilustrar, puedo mencionar uno o dos casos. Entre la ayuda, había un hombre bizco llamado Mane, empleado para hacer el trabajo alrededor de la granja. Estaba cortando leña un día; como él balanceó el hacha, mi padre, que estaba cerca y se sintió muy incómodo, le advirtió, "Por el amor de Dios, Mane, no golpee lo que mira sino a lo que intenta golpear”.En otra ocasión había salido a dar una vuelta,y un amigo  negligentemente permitió que su costoso abrigo de piel rozara la rueda del carruaje. Mi padre se lo recordó diciendo: “saca tu abrigo, estas arruinando mi rueda”. Tenía la manía de hablar consigo mismo y con frecuencia mantener una conversación animada y disfrutar de una acalorada discusión, cambiando el tono de voz; un oyente casual podría haber jurado que varias personas se encontraban en la sala. Aunque tengo que rastrear en la influencia de mi madre todo la inventiva que poseo, la formación que él me dio debió haber sido de ayuda. Comprendía todo tipo de ejercicios - como adivinar los pensamientos de otros, descubriendo los defectos de alguna forma de expresión, repitiendo frases largas o realizando cálculos mentales.Estas lecciones diarias tenían la intención de fortalecer la memoria y la razón, y sobre todo para desarrollar el sentido crítico, y fueron sin duda muy beneficiosos. Mi madre descendía de una de las familias más antiguas del país y una línea de inventores. Tanto su padre y su abuelo crearon numerosos implementos para el hogar, la agricultura y otros usos. Ella era realmente una gran mujer, de rara habilidad, coraje y  fortaleza, que había desafiado las tormentas de la vida y las había atravesado dejándole una experiencia difícil. Cuando tenía dieciséis años, una peste virulenta barrió el país. Su padre fue llamado para administrar los últimos sacramentos a los moribundos y durante su ausencia ella fue sola a ayudar  una familia vecina que fue devastada por la terrible enfermedad.Bañó, vistió y presentó los cuerpos, decorandolos con flores, según la costumbre del país, y cuando su padre regresó se encontró con todo listo para un entierro cristiano.
Mi madre era un inventor de primer orden y que, en mi opinión, ha logrado grandes cosas que no  estaban tan alejadas  de la vida moderna y sus múltiples posibilidades.  Ella inventó y construyó todo tipo de herramientas y dispositivos y tejió los mejores diseños de hilo. Ella incluso plantó semillas, cosechó las plantas y separó las fibras ella misma. Trabajaba incansablemente, desde el alba hasta la noche, y la mayoría de la prendas de vestir y muebles de la casa eran producto de sus manos. Cuando tenía más de sesenta años, sus dedos estaban todavía lo suficientemente ágiles como para atar tres nudos en una pestaña. Había otra razón y aún más importante para mi despertar tardío. En mi infancia yo sufría de una afección peculiar debida a la aparición de imágenes, a menudo acompañadas por fuertes ráfagas de luz, que estropeaban la vista de los objetos reales e interferían con mis pensamientos y acciones.Eran imágenes de cosas y escenas que realmente había visto, nunca imaginarias. Cuando se decía una palabra, la imagen del objeto que designaba se presentaba vívidamente ante mi vista y, a veces yo era incapaz de distinguir a la vez si llo que vi era tangible o no. Esto me causaba gran malestar y ansiedad. Ninguno de los estudiantes de psicología o fisiología que he consultado, nunca pudo explicar satisfactoriamente estos fenómenos. Parecen haber sido única aunque estaba probablemente predispuesto como sé que mi hermano tuvo un problema similar. La teoría que he formulado es que las imágenes eran el resultado de una acción refleja del cerebro en la retina bajo gran excitación. Ciertamente no eran alucinaciones, tales como las producidas en las mentes enfermas y angustiadas, ya que en otros respectos era normal y compuesto. Para dar una idea de mi angustia, supongo que yo había sido testigo de un funeral o algún espectáculo de una persona enferma de los nervios. E inevitablemente, en la quietud de la noche, un cuadro vivo de la escena se abría camino delante de mis ojos y persistía a pesar de todos mis esfuerzos para desterrarlo.Si mi explicación es correcta, debería ser posible proyectar en una pantalla la imagen de cualquier objeto como se concibe y hacerla visible. Tal avance revolucionaría todas las relaciones humanas. Estoy convencido de que esta maravilla puede y se llevará a cabo el día de mañana. Puedo agregar que he dedicado muchos pensamientos a la solución del problema. Me las he arreglado para reflejar tal cuadro, lo que he visto en mi mente, en la mente de otra persona, en otra habitación. Para librarme de estas apariciones que me atormentaban, traté de concentrar mi mente en otra cosa que había visto, y de esta manera me permitió obtener alivio temporal; pero para conseguirlo tenía que conjurar continuamente nuevas imágenes. No pasó mucho tiempo antes de que me di cuenta de que había agotado todos los de mi dominio; mi 'carrete' se había agotado por así decirlo, porque yo había visto poco del mundo - sólo los objetos en mi casa y el entorno inmediato. Cuando realizaba estas operaciones mentales por segunda o tercera vez, con el fin de perseguir las apariciones de mi visión, el remedio gradualmente perdió toda su fuerza. Entonces, instintivamente comencé a hacer excursiones más allá de los límites del mundo pequeño de los cuales tenía conocimiento, y vi nuevas escenas. Estas fueron al principio muy borrosas y confusas, y revoloteaban lejos cuando trataba de concentrar mi atención en ellas.Ellas ganaron en fuerza y ​​definición y finalmente asumieron el carácter concreto de las cosas reales. Pronto descubrí que lograba mejor confort si simplemente iba  en mi visión más y mas lejos, obteniendo nuevas impresiones todo el tiempo, y así comencé a viajar; por supuesto, en mi mente. Cada noche, (y, a veces durante el día), cuando estaba solo, yo comenzaba mis viajes - ver nuevos lugares, ciudades y países; vivir allí, conocer gente, hacer amistades y conocidos y, sin embargo increíble, era un hecho que ellos eran tan queridos para mí como los de la vida real, solo un poco menos intensos en sus manifestaciones. Esto lo hice constantemente hasta que tuve diecisiete años, cuando mis pensamientos se dirigieron seriamente hacia la invención.Entonces observé para mi deleite que podía visualizar con la mayor facilidad. No necesitaba modelos, dibujos o experimentos. Podía imaginar todo como real en mi mente. Por lo tanto he sido conducido inconscientemente a desarrollar lo que considero un nuevo método de materializar conceptos inventivos e ideas diametralmente opuesto a lo puramente experimental y es, en mi opinión, siempre mucho más rápida y eficiente. El momento en que uno construye un dispositivo para llevar a la práctica una idea en bruto, se encuentra inevitablemente absorto con los detalles del aparato. A medida que continúa la mejora y reconstrucción, su fuerza de concentración disminuye y se pierde de vista el gran principio subyacente. Los resultados pueden ser obtenidos, pero siempre con el sacrificio de la calidad. Mi método es diferente. No me apresuro en el trabajo real. Cuando tengo una idea, me pongo a la vez a construirla en mi imaginación; cambio la construcción, hacer mejoras y opero el dispositivo en mi mente. Es absolutamente irrelevante para mí si tengo mi turbina en el pensamiento o la pruebo en mi taller; incluso observo si está fuera de balance.No hay diferencia alguna; los resultados son los mismos. De esta manera soy capaz de desarrollar rápidamente y perfeccionar una concepción sin tocar nada.Cuando he ido tan lejos como para encarnar en la invención cualquier posible mejora que se me ocurre y no ver fallas en ninguna parte,es que pongo en forma concreta este producto final de mi cerebro. Invariablemente mi dispositivo funciona como he concebido que debería, y el experimento sale exactamente como lo había planeado. En veinte años no ha habido una sola excepción.¿Por qué debería ser de otra manera?
 Ingeniería, eléctricidad y mecánica,son positivas en los resultados. Apenas hay un tema que no se pueda examinar de antemano, a partir de los datos teóricos y prácticos disponibles. La realización en la práctica de una idea en bruto como generalmente se hace, es, sostengo, nada más que una pérdida de energía, dinero y tiempo.
Mi afección temprana tenía sin embargo, otra compensación. El esfuerzo mental incesante desarrolló mi capacidad de observación y me permitió descubrir una verdad de gran importancia. Yo había tomado nota de que la apariencia de las imágenes siempre era precedida por la visión real de escenas bajo condiciones peculiares y generalmente muy excepcionales, y estaba impulsado en cada ocasión a localizar el impulso original.  Después de un tiempo este esfuerzo llegó a ser casi automático y gané gran facilidad en la conexión de causa y efecto. Pronto me di cuenta, para mi sorpresa, que cada pensamiento que concebí fue sugerido por una impresión externa. No sólo esto, sino todas mis acciones fueron motivadas de un modo similar. En el curso del tiempo se hizo perfectamente evidente para mí que yo era simplemente una automatización dotada de capacidad de movimiento en respuesta a los estímulos de los órganos de los sentidos y de pensar y de actuar en consecuencia.(esta observación tiene cierto gusto a baja autoestima-Nt). El resultado práctico de esto fue el arte de la tele-automática, que ha sido hasta ahora llevada a cabo sólo de manera imperfecta. Sus posibilidades latentes eventualmente serán demostradas.He pasado muchos años planificando autómatas auto-controlado y creyendo que los mecanismos se pueden producir de forma que actuará como si estuviera poseído de la razón, en un grado limitado, y creará una revolución en muchos departamentos comerciales e industriales (I.A.-Nt). Yo tenía unos doce años de edad cuando por primera vez conseguí desterrar una imagen de mi visión por el esfuerzo voluntarioso, pero nunca tuve ningún control sobre los destellos de luz a la que me he referido. Eran, quizá, mi extraña y más inexplicable experiencia. Por lo general, se producían cuando me encontraba en una situación peligrosa o perturbadora, o cuando yo estaba muy eufórico. En algunos casos he visto todo el aire a mi alrededor lleno de lenguas de fuego vivo. Su intensidad, en vez de disminuir, aumentó con el tiempo y aparentemente alcanzó un máximo cuando tenía unos veinticinco años de edad.Estando en París en 1883, un importante  fabricante francés me envió una invitación a una expedición de tiro que acepté. Había estado mucho tiempo confinado en la fábrica y el aire fresco había tenido un efecto maravillosamente estimulante en mí. A mi regreso a la ciudad esa noche, sentí la sensación positiva de que mi cerebro se había incendiado. Yo era una luz, como si un pequeño sol se encontrara en él, y pasé toda la noche aplicando compresas frías en la cabeza torturada. Finalmente los destellos disminuyeron en frecuencia y fuerza pero tardaron más de tres semanas en desaparecer por completo. Cuando una segunda invitación se extendió a mí, mi respuesta fue un enfático NO!
Estos fenómenos luminosos todavía se manifiestan de vez en cuando, como cuando una nueva idea abriendo posibilidades me llama la atención, pero ya no son emocionantes, por ser de relativamente pequeña intensidad. Cuando cierro mis ojos, invariablemente observo en primer lugar, un fondo de color azul muy oscuro y uniforme, no muy diferente del cielo en una noche clara pero sin estrellas. En unos segundos este campo se anima con innumerables copos brillantes de verde, dispuestas en varias capas y avanzando hacia mí. Entonces aparece, a la derecha, un hermoso patrón de dos sistemas de líneas paralelas y muy próximas entre sí, en ángulos rectos entre sí, en todo tipo de colores con amarillo, verde, y en las que predomina el oro. Inmediatamente después, las líneas se vuelven más brillantes y el conjunto se ve densamente salpicado de puntos de luz centelleante. Esta imagen se mueve lentamente a través del campo de visión y en unos diez segundos se desvanece a la izquierda, dejando atrás una tierra de color gris bastante desagradable e inerte hasta que se alcanza la segunda fase. Cada vez, antes de dormirme, ante mi vista revolotean imágenes de personas u objetos, cuando los veo sé que estoy a punto de perder el conocimiento. Si están ausentes y no quieren venir, significa una noche de insomnio. Hasta qué punto la imaginación juega en mi vida temprana, puedo ilustrar con otra experiencia extraña. Como la mayoría de los niños,  era aficionado a saltar y desarrollé un intenso deseo de mantenerme a mí mismo en el aire. De vez en cuando un fuerte viento ricamente cargado con oxígeno soplaba desde las montañas, haciendo que mi cuerpo se sintiera ligero como el corcho y pensaba que luego iba a saltar y flotar en el espacio por mucho tiempo. Era una sensación muy agradable y mi decepción fue tremenda cuando más tarde me desengañé yo mismo.Durante ese período contraje muchos extraños gustos, aversiones y hábitos, algunos de los cuales se pueden rastrear a las impresiones externas, mientras que otros no tienen relación.Tenía una aversión violenta contra los pendiente de las mujeres, pero otros adornos, como pulseras, me complacen más o menos de acuerdo al diseño. La visión de una perla casi me hace dar un ataque, pero yo estaba fascinado con el brillo de cristales u objetos con bordes afilados y superficies planas. Yo no tocaría el pelo de otras personas, excepto, tal vez con la punta de un revólver. Tenía fiebre mirando un melocotón y si había un pedazo de alcanfor en cualquier parte de la casa, me causaba el malestar más agudo.Incluso ahora no soy insensible a algunos de estos impulsos perturbadores. Cuando se dejaban caer pequeños cuadrados de papel en un plato lleno de líquido, siempre tenía la sensación de un sabor peculiar y terrible en la boca. Contaba los pasos de mis paseos y calculaba el contenido cúbico de hondos, tazas de café y trozos de comida, de lo contrario no disfrutaba mi comida.Todos los repetidos actos u operaciones que realizaba tenían que ser divisibles por tres y si me perdía me sentia impulsado a hacerlo todo de nuevo, aunque tardara horas. Hasta la edad de ocho años, mi personaje era débil y vacilante. Yo no tenía ni valor ni fuerza para formar una firme resolución. Mis sentimientos llegaron en oleadas y oleadas y oscilaban sin cesar entre los extremos. Mis deseos me consumían,y como las cabezas de la hidra, se multiplicaban. Yo estaba oprimido por pensamientos de dolor en la vida y la muerte y el miedo religioso. Me dejaba llevar por la creencia supersticiosa y vivía con el temor constante del espíritu del mal, de los fantasmas, ogros y otros monstruos impuros de la oscuridad.  
Entonces, de repente, vino un tremendo cambio que alteró el curso de toda mi existencia. De todas las cosas,lo que mas me gustaban eran los libros. Mi padre tenía una gran biblioteca y cada vez que pude traté de satisfacer mi pasión por la lectura. Él no me lo permitió y volaba de rabia cuando me atrapaba en el acto. Escondió las velas cuando se enteró de que yo estaba leyendo en secreto; él no quería que yo me estropeara los ojos. Pero obtuve sebo, hice la mecha y las armé en moldes de estaño, y cada noche tapaba el ojo de la cerradura y las grietas y leía, a menudo hasta el amanecer, cuando todos los demás dormían y mi madre comenzaba sus arduas tareas diarias.En una ocasión me encontré con una novela titulada 'Aoafi,' (el hijo de Aba), una traducción al serbio de un escritor húngaro conocido, Josika. Este trabajo de alguna manera despertó mis poderes latentes de voluntad y empecé a practicar el autocontrol. Al principio mis resoluciones se desvanecieron como la nieve en abril, pero dentro de un rato conquistaron mi debilidad y sentí un placer que nunca conocí antes - el de hacer lo que quisiera. En esta época, este ejercicio mental vigorosa se volvió secundario a la naturaleza. Al principio mis deseos tuvieron que ser sometidos pero gradualmente deseo y la voluntad crecieron hasta ser idénticos. Después de años de tal disciplina gané de manera completa un dominio sobre mí mismo de forma que yo jugaba con pasiones que han supuesto la destrucción de algunos de los hombres más fuertes. A cierta edad contraje una manía por los juegos de azar que preocupó mucho a mis padres. Pero sentarme a jugar a las cartas era para mí la quintaesencia del placer. Mi padre llevó una vida ejemplar y no podía excusar el desperdicio sin sentido de mi tiempo y dinero en el que me di el gusto. Yo tenía una resolución fuerte, pero mi filosofía era mala. Yo le diría, 'Yo puedo parar siempre que quiera, pero que vale la pena renunciar a lo que me gustaría comparar con los goces del paraíso?'.En frecuentes ocasiones dio rienda suelta a su ira y desprecio, pero mi madre era diferente. Ella entendió el carácter de los hombres y sabía que la salvación sólo podía lograrse a través de sus propios esfuerzos. Una tarde, lo recuerdo, cuando yo había perdido todo mi dinero y se me antojó jugar, ella vino con un fajo de billetes y me dijo: 'Ve y diviértete. Cuanto más pronto se pierda todo lo que poseemos, mejor será. Sé que lo superarás." Ella estaba en lo cierto. Conquisté mi pasión entonces y allí y sólo lamentaba que no hubiera sido cien veces más fuerte. No sólo lo vencí lo arranqué de mi corazón, para no dejar ni un rastro de deseo. Desde entonces he sido tan indiferente a cualquier forma de juego como a juntar dientes. Durante otro período, yo fumaba en exceso, amenazando con arruinar mi salud. Entonces mi voluntad se impuso y no sólo se detuvo, sino destruyó toda inclinación. Hace mucho tiempo yo sufría de problemas del corazón, hasta que descubrí que era debido a la taza de café inocente que consumía todas las mañanas. La discontinué a la vez, aunque confieso que no fue una tarea fácil. De esta manera he comprobado y sujetado otros hábitos y pasiones, y no sólo he conservado mi vida, sino que obtuve  una inmensa cantidad de satisfacción de lo que la mayoría de los hombres considerarían privaciones y sacrificio.
Después de terminar los estudios en el Instituto Politécnico y Universidad, tuve una crisis nerviosa y mientras la enfermedad duró observé muchos fenómenos, extraños e increíbles ...  

Capítulo 2 - Experiencias Extraordinarias


Me detendré brevemente en estas experiencias extraordinarias, a causa de su posible interés para los estudiantes de psicología y fisiología y también porque este período de agonía fue el  de la mayor consecuencia en mi desarrollo mental y trabajos posteriores. Pero es indispensable relacionar primero las circunstancias y condiciones que les precedieron y en las que se podrían encontrar su explicación parcial.
Desde pequeño me vi obligado a concentrar la atención sobre mí mismo. Esto me causó mucho sufrimiento, pero a mi actual punto de vista, fue una bendición disfrazada porque me ha enseñado a apreciar el valor inestimable de la introspección en la preservación de la vida, así como un medio para el logro. La presión de la ocupación y la corriente incesante de impresiones que se vierten en nuestra conciencia a través de todas las puertas de enlace de conocimiento hacen la existencia moderna peligrosa en muchos sentidos. La mayoría de las personas están tan absortas en la contemplación del mundo exterior que son totalmente ajenos a lo que está pasando en su interior. La muerte prematura de millones es principalmente atribuible a esta causa. Incluso entre aquellos que se cuidan, es un error común evitar imaginaria e ignorar los peligros reales. Y lo que vale para un individuo también se aplica, más o menos, a un pueblo en su conjunto.
La abstinencia no siempre fue de mi agrado, pero me parece una amplia recompensa en las experiencias agradables que ahora voy teniendo. Sólo con la esperanza de convertir a algunos a mis preceptos y convicciones voy a recordar una o dos. Hace poco tiempo yo regresaba a mi hotel. Era una noche crudamente fría, el suelo resbaladizo, y no venía ningún taxi. A media cuadra detrás de mí seguía otro hombre, evidentemente, tan ansioso como yo para conseguir llegar a cubierto. De repente mis piernas estaban arriba en el aire. En el mismo instante hubo un destello en mi cerebro. Los nervios respondieron, los músculos contraídos. Me levanté en 180 grados y aterricé sobre mis manos. Reanudé mi camino como si nada hubiera pasado, cuando el desconocido me alcanzó.
"¿Cuántos años tiene?" , preguntó, examinándome críticamente. "Oh, alrededor de cincuenta y nueve años," respondí, "¿Y qué?"
"Bueno," dijo él, "he visto a un gato hacer esto, pero nunca a un hombre."
Hace aproximadamente un mes quería hacerme nuevos anteojos y fui a un oculista que me hizo las pruebas habituales. Me miró con incredulidad cuando leí con facilidad la letra más pequeña a una distancia considerable. Pero cuando le dije que yo tenía más de sesenta años, se quedó sin aliento con asombro. Algunos de mis amigos comentan a menudo que mis trajes me calzan como guantes, pero no saben que toda mi ropa está hecha con las medidas que fueron tomadas hace casi quince años y nunca cambiaron. Durante este mismo período, mi peso no ha variado una libra. A este respecto puedo contar una historia divertida.
Una noche, en el invierno de 1885, el Sr. Edison, Edward H. Johnson, el Presidente de la Edison Illuminating Company, el Sr.Batchelor, Director de las obras, y yo, entramos en un pequeño lugar opuesto al 65 Firth Avenue, donde se encuentran las oficinas de la empresa. Alguien sugirió adivinar pesos y me hicieron subir a una balanza.Edison me evaluaba todo y dijo: "Tesla pesa 152 libras y una onza," y lo adivinó exactamente; despojado pesaba 142 libras, y sigue siendo mi peso. Le susurré al Sr. Johnson: "¿Cómo es posible que Edison pudo adivinar mi peso tan de cerca?"  "Bueno," dijo, bajando la voz.,"voy a decirle algo de manera confidencial, pero no debe decir nada. Fue empleado durante mucho tiempo en un matadero de Chicago donde pesaba miles de cerdos cada día.Es por eso." .Mi amigo, el Excmo. Chauncey M. Dupew, contaba  de un inglés que del que surgió una de sus anécdotas originales y que escuchaba con una expresión de desconcierto, pero un año después, se echó a reír a carcajadas. Francamente confesaré que me llevó más tiempo del que debía, apreciar la broma de Johnson. Ahora, mi bienestar es simplemente el resultado de un modo cuidadoso y medido de la vida y tal vez lo más sorprendente es que tres veces en mi juventud fui rendido por alguna enfermedad de una ruina física irremediable y desahuciado por los médicos. Más que esto, a través de la ignorancia y despreocupación, me metí en todo tipo de dificultades, los peligros y las raspaduras de la que me liberé como por encanto. Casi me he ahogado, sepultado, perdido y congelado. Tuve escapes que quitaban el aliento de perros rabiosos, cerdos y otros animales salvajes. Pasé por enfermedades terribles y me encontré con todo tipo de percances impares y que yo esté completo y saludable hoy parece un milagro. Pero cuando recuerdo estos incidentes en mi mente, me siento convencido de que mi preservación no era del todo accidental, pero era en realidad la labor del poder divino. El esfuerzo de inventor es esencialmente salvar la vida, ya sea aprovechando  las fuerzas, mejorando los dispositivos, o proporcionando nuevas comodidades y confort, es que suma a la seguridad de nuestra existencia. También está mejor calificado que el individuo medio para protegerse en peligro, porque está  atento y lleno de recursos. Si no tuviera ninguna otra evidencia de que yo estaba, en cierta medida, en posesión de tales cualidades, la encontraría en estas experiencias personales. El lector podrá juzgar por sí mismo si menciono uno o dos casos. En una ocasión, cuando unos catorce años, quería asustar a algunos amigos que se estaban bañando conmigo. Mi plan era bucear bajo una estructura flotante larga y salir en silencio en el otro extremo. La natación y el buceo vinieron a mí con tanta naturalidad como a un pato y yo estaba seguro de que podría realizar la hazaña. En consecuencia me sumergí en el agua y, cuando estuve fuera de la vista, di la vuelta y fui rápidamente hacia el lado opuesto. Pensando que yo estaba con seguridad más allá de la estructura, me levanté a la superficie, pero a mi consternación me impacté contra una viga. Por supuesto, rápidamente me zambullí y siguió adelante con brazadas rápidas hasta que mi aliento volvió otra vez.  Tratando de salir por segunda vez, mi cabeza golpeó de nuevo con una viga.Comenzaba a desesperarme; entonces, invocando toda mi energía, hice un tercer intento desesperado, pero el resultado fue el mismo. La tortura de la falta de aire era insoportable, mi cerebro daba vueltas y sentí que me hundía. En ese momento, cuando mi situación parecía absolutamente desesperada, experimenté uno de esos destellos de luz y la estructura anterior se presentó ante mi visión. Yo tampoco discerní o supuse que había un pequeño espacio entre la superficie del agua y las juntas que descansan sobre las vigas y, casi inconsciente, floté boca arriba, apreté mi boca cerca de los tablones y logré respirar un poco de aire, lamentablemente mezclado con un chorro de agua, que casi me ahogó. Varias veces repetí este procedimiento como en un sueño, hasta que mi corazón, que latía a un ritmo tremendo, se calmó, y gané compostura.Después de una serie de inmersiones infructuosas, habiendo perdido por completo el sentido de la orientación, finalmente logré salir de la trampa cuando mis amigos ya se habían dado por vencidos y estaban pescando mi cuerpo.Esa temporada de baños se echó a perder por mi imprudencia, pero pronto me olvidé la lección y sólo dos años más tarde caí en una situación peor.
Había un gran molino de harina con una presa a través del río cerca de la ciudad donde yo estaba estudiando en ese momento. Como regla general, la altura del agua estaba a sólo dos o tres centímetros por encima de la presa y nadar era un deporte no muy peligroso en el que a menudo me di el gusto. Un día me fui solo al río para disfrutar de mí mismo como de costumbre. Cuando estaba a poca distancia de la albañilería, sin embargo, me quedé horrorizado al observar que el agua había subido y me fue llevando a lo largo rápidamente. Traté de escapar, pero ya era demasiado tarde. Por suerte, sin embargo, me salvé de ser barrido asiéndome de la pared con ambas manos. La presión en mi pecho era enorme y apenas podía mantener la cabeza por encima de la superficie. No había un alma a la vista y mi voz se perdió en el rugido de la caída. Lenta y gradualmente me sentí agotado e incapaz de soportar la presión por más tiempo. Justo cuando estaba a punto de dejarme ir, para estrellarme contra las rocas de abajo, vi en un destello de luz un diagrama conocido que ilustra el principio hidráulico que la presión de un fluido en movimiento es proporcional a la superficie expuesta y automáticamente giré hacia mi lado izquierdo. Como por arte de magia, se redujo la presión y me pareció relativamente fácil en esa posición resistir la fuerza de la corriente. Pero todavía enfrentaba el peligro. Sabía que tarde o temprano sería llevado hacia abajo, ya que no era posible para cualquier ayuda llegar a tiempo, incluso si hubiera podido llamar la atención. Soy ambidiestro ahora, pero entonces yo era zurdo y tenía relativamente poca fuerza en mi brazo derecho, por esta razón no me atrevía a girar hacia el otro lado para descansar y no quedaba más que empujar lentamente mi cuerpo a lo largo de la presa. Tuve que salir del molino hacia el que mi cara se volvió, donde la corriente era mucho más rápida y más profunda. Fue un largo y doloroso calvario y casi fracasé al final, porque me encontré con una depresión en la mampostería. Me las arreglé para conseguir más con la última gota de mi fuerza y ​​caí desmayado cuando llegué a la orilla, donde me encontré. Me había roto prácticamente toda la piel de mi lado izquierdo y tomó varias semanas antes de que la fiebre hubiera desaparecido y estaba bien.
Estos son sólo dos de muchas anécdotas, pero pueden ser suficientes para mostrar que si no hubiera sido por el instinto del inventor, yo no habría vivido para contarlo. Las personas interesadas a menudo me han preguntado cómo y cuando empecé a inventar. Esto sólo puedo responderlo con el recuerdo a la luz de los cuales, el primer intento que recuerdo era bastante ambicioso porque implicó la invención de un aparato y un método. En el primero estaba previsto, pero el tardío era original. Sucedió de esta manera. Uno de mis compañeros de juego había conseguido un anzuelo y aparejos de pesca que creó toda una emoción en el pueblo, y ya a la mañana siguiente empezó a atrapar ranas. Me quedé solo y abandonado a causa de una pelea con este muchacho. Yo nunca había visto un anzuelo real y lo imaginaba como algo maravilloso, dotado de cualidades peculiares, y estaba desesperado por no ser parte. La necesidad me instó, de alguna manera me hice con un trozo de alambre de hierro dulce, martillé el extremo como una punta aguda entre dos piedras, lo doblé en forma de U y lo até a una cuerda fuerte. Luego corté una varilla, recogí algo de cebo, y me fui al arroyo donde había ranas en abundancia. Pero no podía atrapar ninguna y estaba casi desanimado cuando se me ocurrió colgar el gancho vacío delante de una rana que se sentó en un tocón.En un primer momento se desplomó, pero poco a poco sus ojos se abrieron y se inyectaron en sangre, se hinchó al doble de su tamaño normal e hizo un feo chasquido hacia el anzuelo. Inmediatamente lo retiré. Lo intenté una y otra vez y el método resultó infalible. Cuando mis compañeros, que a pesar de su fino equipo no habían pescado nada, se acercaron a mi verdes de envidia. Durante mucho tiempo lo mantuve en secreto y disfruté del monopolio, pero finalmente cedí al espíritu de la Navidad. Cada niño entonces podría hacer lo mismo y el verano siguiente trajo el desastre a las ranas. En mi siguiente intento, parece que hubiera actuado bajo el primer impulso instintivo que más tarde me dominó - para aprovechar las energías de la naturaleza al servicio del hombre. Hice esto por medio de insectos de mayo, junio o bichos como se les llama en los Estados Unidos, que eran una verdadera plaga en ese país y, a veces rompían las ramas de los árboles por el peso de sus cuerpos. Los arbustos estaban negros de ellos. Se me ocurrió conectar hasta cuatro de ellos a un travesaño, giratoriamente dispuesto sobre un husillo delgado, y transmitir el movimiento de la mismo a un disco grande y darle considerable 'poder'. Estas criaturas eran muy eficiente, pues una vez que comenzaron, no tenían sentido para detenerse y siguió dando vueltas durante horas y horas y cuanto más calor había, más difícil que trabajaban. Todo fue bien hasta que un extraño muchacho llegó al lugar. Era hijo de un oficial retirado del ejército austríaco. Ese erizo se comió los bichos de mayo vivos y disfrutaba mucho de ellos, como si fueran las mejores ostras azules de punto. Esa visión repugnante termino con mis esfuerzos en este campo prometedor y nunca desde entonces he sido capaz de tocar un escarabajo o cualquier otro insecto para el caso.Después de eso, creo, me propuse desmontar y montar los relojes de mi abuelo. En la operación anterior siempre tuve éxito, pero a menudo fallaba en la última. Así fue que llevó mi trabajo a un alto repentino de una manera no muy delicada y tardó treinta años antes de que abordé otro reloj nuevo. Poco después, comencé a fabricar un tipo de pistola de juguete que comprendía un tubo hueco, un pistón, y dos tapones de cáñamo. Cuando se disparaba el arma, el pistón se presionaba contra el estómago y el tubo se empujaba hacia atrás rápidamente con ambas manos. El aire entre las clavijas se comprimía y se elevaba a temperatura alta y expulsaba una fuerte detonación. El arte consistía en la selección de un tubo de la medida adecuada de los tallos huecos que se encuentran en nuestro jardín. Me fue muy bien con esa arma, pero mis actividades interferían con los cristales de las ventanas de nuestra casa y me reuní con desaliento doloroso. Si no recuerdo mal, entonces me puse a tallar espadas de piezas de mobiliario que yo podría obtener convenientemente. En ese momento yo estaba dominado por la poesía nacional serbia y lleno de admiración por las hazañas de los héroes. Solía pasar horas cortando mis enemigos en forma de tallos de maíz, arruiné los cultivos y me llevé varias palizas de mi madre.
Por otra parte, no se trataba del tipo formal, pero el artículo genuino. Tuve todo esto y más detrás de mí  antes de que tuviera seis años y hubiera pasado por un año de la escuela primaria en el pueblo de Smiljan, donde vivía mi familia. En esta situación nos trasladamos a la pequeña ciudad cercana de Gospic.Este cambio de residencia era como una calamidad para mí. Casi me rompió el corazón apartarme de nuestras palomas, gallinas y ovejas, y nuestra magnífica bandada de gansos que se levantaba hacia las nubes en la mañana y regresaba de las zonas de alimentación en el ocaso en formación de batalla, tan perfecta que habría puesto un escuadrón de los mejores aviadores del día de hoy en vergüenza. En nuestra nueva casa no era más que un prisionero, mirando gente extraña a través de mis persianas.Mi timidez era tal que preferiría haber enfrentado a un león rugiente que uno de los tipos de la ciudad que paseaban. Pero mi juicio más duro llegó el domingo, cuando tuve que vestirme y asistir al servicio.Allí me pasó un accidente, la sola idea de lo pasó hizo mi sangre cuajar como leche cortada durante años después. Fue mi segunda aventura en una iglesia. No mucho antes, estuve sepultado por una noche en una antigua capilla en una montaña inaccesible que era visitada sólo una vez al año. Fue una experiencia horrible, pero éste era peor. Había una señora adinerada de la ciudad, buena pero pomposa, que solía venir a la iglesia magníficamente pintada y vestida con una cola enorme y asistentes. Un domingo yo acababa de hacer sonar la campana en el campanario y me precipité escaleras abajo, cuando este gran dama pasó barriendo y salté sobre su cola. Se la arranqué con un ruido que sonó como la rasgadura de una salva de fusilería disparada por reclutas. Mi padre se puso lívido de rabia. Él me dio una palmada suave en la mejilla, el único castigo corporal alguna vez me administró, pero casi lo siento ahora. La vergüenza y la confusión que siguieron fueron indescriptibles. Yo estuve prácticamente condenado al ostracismo hasta que sucedió algo más que me liberó en la estima de la comunidad. Un joven comerciante emprendedor había organizado un cuerpo de bomberos. Se adquirió un nuevo camión de bomberos, uniformes y los hombres estaban  preparados para el servicio y el desfile. El camión fue bellamente pintado de rojo y negro. Una tarde, el jurado oficial estaba preparado para la máquina y fue transportada al río. Toda la población acudió a presenciar el gran espectáculo. Cuando se concluyeron todos los discursos y ceremonias, dieron la orden a la bomba, pero de la boquilla no venia ni una gota de agua.Los profesores y expertos trataron en vano de localizar el problema. El fiasco era completo cuando llegué a escena. Mi conocimiento del mecanismo era nulo y no sabía casi nada de presión de aire, pero instintivamente yo sentía que era la manguera de aspiración en el agua y  encontré que se había colapsado. Cuando me metí en el río y la abrí, el agua corrió adelante y  se echó a perder un poco de ropa de domingo. Arquímedes corriendo desnudo por las calles de Siracusa gritando Eureka a toda voz no hizo una impresión mayor que yo. Me llevaron en hombros y fui el héroe del día.
Al establecernos en la ciudad comencé un curso de cuatro años, en la llamada Escuela Normal preparatoria para mis estudios en la universidad o Real-Gymnasium. Durante este período, mis esfuerzos y hazañas juveniles, así como problemas, continuaron. Entre otras cosas, alcancé la distinción única de campeón de caza de cuervos en el país.Mi método de procedimiento era extremadamente simple. Me gustaba ir al bosque, ocultarme entre los arbustos, e imitar la llamada de los pájaros. Por lo general, me gustaba tener varias respuestas y en un corto tiempo un cuervo revoloteaba hacia abajo en los arbustos cerca de mí. Después de eso, todo lo que tenía que hacer era lanzar un trozo de cartón para distraer su atención, saltar y agarrarlo antes de que pudiera liberarse de la maleza. De esta manera me gustaba capturar tantos como yo deseaba. Pero en una ocasión ocurrió algo que me hizo respetarlos.Había cogido un buen par de pájaros y regresaba a su casa con un amigo. Cuando salimos del bosque, miles de cuervos se habían reunido haciendo un escándalo espantoso. En pocos minutos se levantaron en la búsqueda y pronto nos envolvieron. La diversión duró hasta que de repente recibí un golpe en la parte posterior de mi cabeza que me tiró al suelo.Luego me atacaron con saña. Me vi obligado a liberar a los dos pájaros y contento me uni a mi amigo que se había refugiado en una cueva.
En la sala de la escuela había unos pocos modelos mecánicos que me interesaban y volví mi atención a las turbinas de agua. Construí muchas de estas y encontré un gran placer para su manejo. Un incidente puede ilustrar qué extraordinario era mi vida. Mi tío tenía ningún uso para este tipo de pasatiempo y más de una vez me reprendió. Yo estaba fascinado por la descripción de las cataratas del Niágara que había leído detenidamente, y imaginé una gran rueda dirigida por las cataratas. Le dije a mi tío que iba a ir a Estados Unidos y llevar a cabo este plan. Treinta años más tarde estaba llevaron a cabo mis ideas en las Cataratas y me maravillé ante el misterio insondable de la mente.

Hice todo tipo de artilugios y artefactos, pero entre ellos, las ballestas que produje fueron los mejores. Mis flechas, cuando eran cortas, desaparecian de la vista y a corta distancia atravesaban un tablón de pino de una pulgada de espesor. A través del ajuste continuo de los arcos desarrollé una piel en mi estómago muy parecida a la de un cocodrilo y, a menudo me pregunto si es debido a este ejercicio que soy capaz de digerir incluso ahora adoquines! Tampoco puedo pasar en silencio mis actuaciones con la honda que me han permitido dar una exhibición impresionante en el Hipódromo. Y ahora voy a contar de uno de mis hazañas con este único implemento de guerra que pondrá a prueba al máximo la credulidad del lector.Estaba practicando mientras caminaba con mi tío a lo largo del río. El sol se estaba poniendo, las truchas eran juguetones y de vez en cuando una se disparaba en el aire, su cuerpo reluciente claramente definido contra una roca que sobresalía más allá. Por supuesto que cualquier niño podría haber golpeado un pez en estas condiciones propicias, pero emprendí una tarea mucho más difícil y predije a mi tío, hasta el último detalle, lo que pretendía hacer. Iba a lanzar una piedra para atraer a los peces, presionar su cuerpo contra la roca, y cortarlo en dos. Se lo dije antes de hacerlo. Mi tío me miró casi asustado de mi ingenio y exclamó "Vade Retra Satanae!" y recién unos días después me habló de nuevo. Otros registros, por grande, serán eclipsados ​​pero siento que yo podría descansar en paz en los laureles durante mil años. 

viernes, 3 de octubre de 2014


"El científico no debe esperar un resultado inmediato; no debe esperar que sus ideas avanzadas sean rápidamente tomadas.Su trabajo es como plantar para el futuro;su deber es dejar fundamentos de los cuales se pueda partir y marcar el camino"

¿Que es ser "índigo"?


Ya habrán visto, a lo largo de estos pocos posts, que he mencionado la palabra "'índigo" varias veces, y se preguntarán por qué (y en el mejor de los casos no se preguntarán nada porque lo sabrán o no les importará).El índigo es un color, si, ni azul ni violeta, es índigo.Pero en el esoterismo moderno rotulado como New Age (yo relaciono mentalmente esas palabras con música pretenciosamente berreta de sintetizadores, caballeros y damas vestidos de blanco veganos meditando sobre la llegada de los OVNIs de Antares al pie del Uritorco vendiendo cazadores de sueños o algo así), se llama "índigo" a los seres humanos vinculados a la evolucion psiquica y espiritual en su siguiente escalón, cuya aura energética sería, para quienes pudieran verla o fotografiarla (recordemos que la cámara Kirlian es una herencia tesliana) de color índigo. Los desmitificadores y escepticos lo relacionan a la incapacidad de los padres de admitir que sus hijos estan locos de remate y hay que empastillarlos para que sean "normales", inocentes (o no) cómplices de un Sistema todopoderoso y omnisciente que necesita anestesiar, atontar, achatar, igualar hacia abajo para seguir existiendo; porque el Índigo acabaría con todo ese Sistema perverso.Pero señoras y señores, los índigo existimos, y hemos llegado ya a la adultez muchos de ellos.El concepto nace en el año 1982 con una señora llamada Nancy Anne Tappe que afirmaba poder ver las auras, y refería ver auras de color indigo en los chicos nacidos a partir de los años '70.Hay referencias a personalidades que encajan con la descripción del Índigo ya desde el siglo 19 (donde entraría nuestro Master), y en realidad la observación de ese nueva mentalidad se remonta antes de los 70 en forma aislada,pero supuestamente se hizo mas frecuente a partir del comienzo de la Era de Acuario, que jamás se ponen de acuerdo en cuándo diabolos comienza o comenzó, ya que siempre es un año antes o un milenio después (aunque muchos coinciden en el final del siglo 20), de todas formas, hay que tomarlo como un período de transición, no como una fecha fija tipo el 21/12/2012 que todos se agarraban las mechas esperando a ver que pasaba (y no pasó nada, excepto el inicio y la progresión acelerada de una serie de calamidades que estan azotando el mundo por todos los rincones por igual),que supuestamente conduce a un cambio de paradigmas y al final del mundo como se lo conoce, un cambio de eje total de la Humanidad desde el Materialismo puro a la búsqueda del equilibrio materia-espíritu; y esa búsqueda la iniciamos espontáneamente. Para los que dicen que los indigo son meros hiperquineticos,autistas o lisa y llanamente psicoticos: no, no somos ni hiperkineticos, ni autistas, ni psicoticos ni un carajo. Nuestro pensamiento corre por carriles totalmente distintos al del humano predominante hoy en dia; espontaneamente desde la mas tierna infancia experimentamos empatía con la Tierra y todas sus formas de vida, sentimos el poder del Universo, nos emocionamos ante él y sus misterios, y queremos desentrañarlos. Sentimos que podemos ver mas allá de las apariencias, entonces la falsedad y la hipocresía, que percibimos con solo sentir un matiz de la voz, o la mera vibración psíquica de la otra persona, que la percibimos con la nitidez de un sismo grado 5, nos hace sufrir en extremo. Somos extremadamente intuitivos, tanto que en general nos equivocamos al intentar racionalizar, nos sobreadaptamos para no parecer extraños y eso suele conducirnos al fracaso seguro, la mayoría tiene precogniciones, visiones (no "alucinaciones": jamás se pierde el sentido de realidad en todo esto, por eso me da tanta rabia esa imagen del índigo como una especie de fumón en pleno vuelo) del futuro o del pasado o alguna capacidad parapsiquica como telemetría, telekinesia, o capacidad de sanación, en general por medio de la visualizacion usando luces blancas o en general, índigo o violeta (¿Saint Germain y su llama violeta, sería un Índigo?).Somos rebeldes por naturaleza, impacientes, nos oponemos a todo lo que sea orden establecido arbitrariamente pero entendemos razones con amplia justificacion (un poco a regañadientes), nos vamos a sublevar instantaneamente ante el "lo digo porque si":porque sabemos que nada es "porque si", porque detras del "porque si"hay solo un deseo despotico.No soportamos lo sistematizado y la rutina, si no hay motivacion y creacion detras de algo vamos a otro lado y la vamos a buscar por nuestros medios; pero sin embargo, nos cuesta expresarnos, somos timidos para decir lo que queremos, aunque creo que eso es producto de los choques sociales desde muy temprana edad: lo más que podemos conseguir es o que nos reconozcan como genios o como monstruitos, otra causa de sobreadaptacion que en muchos Indigo adultos ha valido la extinción de esa llama interior que trajeron al nacer, por eso el mundo no esta poblado de genios hoy: la mayoria murieron al comenzar a tratar con la sociedad o fueron apagados a Ritalina;a mi también intentaron apagarme, pero a los trece años agarré la caja de la pastillita, se la tiré por la cabeza a mi madre y le dije "no tomo mas esa porquería", así de simple.Y me encendí hasta que ya estudiando y en pareja tuve que sobreadaptarme para no desaparecer; mientras, seguí meditando (sabia meditar espontáneamente y me perfeccioné con cursos de control mental; también vinieron en mi programa de inicio conceptos sobre reencarnación y mecanica del universo, mejor dicho de "los" Universos que hoy se manejan como "seudociencia"), escribiendo, leyendo, creando aunque mas no fuera para mi misma, con la esperanza de que alguna vez podría compartirlo con el mundo.Esa es otra característica: el índigo da, comparte, enseña,crea para el Otro, para LOS Otros.Pero nos sentimos muy solos, que nadie en el mundo puede entendernos, y nos pasa muy temprano en la vida,entonces nos retraemos y terminamos dentro del frasco de "antisociales" donde nos meten nuestros coetáneos para los que somos una especie de bicho tan raro como asqueroso.Por eso, lo mas probable es que busquemos la compañía de los adultos que con un poco de suerte nos pondrán en un frasco de "niño prodigio" y ahí dentro de todo lo pasamos bien, porque somos escuchados;pero la escuela es un completo martirio en absolutamente todos los aspectos.Mis peores recuerdos están ligados a la primaria.No comprendemos que es la envidia, por qué se envidia lo que ellos también podrían tener si quisieran (nuestro concepto es que todos pueden), el rencor, el odio; sentir que alguien nos odia nos perturba profundamente, y no olviden que lo sentimos con solo sentir su vibración interna!Y ni siquiera entendemos por qué nos odia.Nuestros mecanismos de aprendizaje jamas pasan por la memoria, somos absolutamente inductivos-deductivos, por eso necesitamos que tenga lógica lo que estamos aprendiendo; o la interpretación lógica que le estemos dando, que a otros puede parecerles absolutamente ilógica; somos reyes de la asociación libre y la nemotecnia, único modo de memorizar lo que es imprescindible memorizar.No cambiamos gran cosa de adultos: si no lograron apagarnos, vamos a seguir siendo rebeldes, creativos, hipersensibles, perceptivos, nuestra visión del mundo va a seguir siendo espiritual y en seis dimensiones (o mas), vamos a conservar el canal al mundo mas allá de lo visible y podemos ir y venir entre los mundos en un estilo chamánico. No necesitamos que nos expliquen las cosas:las entendemos con solo imaginárnoslas, la imaginación es absolutamente vívida, es 3D literalmente, por eso podemos trabajar con ella como con un papel y un lápiz;en general toda la percepción es 3D y basta apoyar la mano en una persona para poder "ver" dentro de ella,así como Nik trabajaba todo en su imaginación, desde el diseño hasta el funcionamiento, pero odiaba hacer los blueprints(dibujaba porque no le quedaba otra, porque en general ya lo construía funcionando; tal vez por eso tiró tantas patentes al viento, solo por rebelarse al trámite).Queremos cambiar el mundo, aunque nos demos cuenta de que el mundo solo quiere cambiarnos a nosotros.Pero el mundo, ESTE mundo ya necesita un cambio; y va a tener que aceptarnos.NO SOMOS HIJOS DE LA REVOLUCIÓN, SOMOS LA REVOLUCIÓN. Y NIKOLA TESLA ES NUESTRO PADRE.
Y no pienso mudarme al Uritorco a vender placas violeta,vestida de bambula blanca con un bonete de papel de aluminio en la cabeza y bailando en una ronda con un collar de flores.